CAMIL.LA PÉREZ SALVÀ y las huellas del tiempo

Ricardo García Prats

Camil.la Pérez Salvà ha sido siempre una pedagoga, una maestra que ha sabido transmitir la sabiduría que los hombres han depositado en el tiempo. Desde los tiempos inmemoriales el hombre ha dejado huellas de su quehacer, de sus avances, de sus conocimientos. Por imposible que parezca, esa sabiduría se ha ido acumulando y, de una u otra manera, ha llegado hasta nosotros. La artista me recibió en El Vendrell y, tras una agradable conversación, me enseñó su tienda y galería situada en la Plaza “de les Garrofes”, una pequeña y harmónica plaza dominada por una centenario platanero, además de otros pequeños comercios. En ese espacio comprendí el interés de Camil.la por la cerámica, tanto su cerámica más comercial como la que expone periódicamente de otros artistas o la suya creativa. Fui comprendiendo también que la artista impulsa el conocimiento y la promoción de la cerámica, la bienal de El Vendrell y sus exposiciones temporales de cerámica. Viendo el centro histórico y las medianeras de las casas que han caído, comprendí que Camil.la Pérez valora en su cerámica el paso del tiempo, valorando esas huellas que testimonian la vida que ha desaparecido. Comprendí que valoraba en su quehacer la vivienda donde había nacido en El Vendrell Pau Casals. Comprendí que a nuestra artista le interesan todas las señales que el hombre ha ido dejando. Un libro, una palabra, una letra, una herramienta, una piedra trabajada para usar, son una fuente inspiración, contenedores de sabiduría y conocimiento de nuestros antepasados y también son una forma de plasmar aquello que nos remueve los sentidos y los sentimientos.

Después nos desplazamos a la casa donde tiene su taller y su vivienda, a pocos kilómetros de El Vendrell, en el mismo lugar donde hubo un molino de harina hace tiempo. Otra fuente de inspiración, otro testimonio de la sabiduría transmitida por el hombre. Lo primero que me enseñó fueron las obras que va a exponer en la exposición que gira en torno a su maestra María Bofill, cuando estudió en la Escuela Massana de Barcelona. Quiso ser desde pequeña ceramista, sus padres le dijeron que había que hacer algo para ganarse la vida y compaginó Magisterio con el aprendizaje de las difíciles técnicas de la cerámica. Ha llevado bien las dos profesiones, pero desde hace tiempo se dedica a la creatividad, si bien, como decía al principio, le queda ese valor de transmisión pedagógica y ese amor por la cerámica, tan alejada en nuestras latitudes de la valoración que tradicionalmente se hace en el oriente asiático, especialmente en Japón.

Las obras que se presentan en Muel me impresionaron. Se podrían clasificar como herramientas. Algunas de ellas ya se presentaron el septiembre de 2013 en SantSadurníd’Anoia. Con estas piezas cerámicas resueltas en gres chamoteado, pulido y con engobes logra con gran sentido de la belleza transmitir ese poso de sabiduría que nos han transmitido todos aquellos que en el tiempo han construido piezas perfectas con las que se han obtenido logros y mejoras para la humanidad. A la artista no le interesa la herramienta concreta, le interesa el sentido, el numen, la vida que encierran, ese pasado indefinido pero importante.

Además, como conocedora de la cerámica, como persona experimentada en sus técnicas y secretos, logra piezas de gran belleza y poética visual. Como los buenos artistas, se mueve en una indefinición que nos induce a los espectadores a interrogarnos, a preguntarnos el porqué de las insinuaciones de ese pasado que se plasma en el barro. La creatividad de nuestra artista no termina en las obras que se presentan en esta exposición. En otras obras vistas en su taller observamos otros modos de expresión que van en la misma dirección. Unos signos que no importa el significado, una alusión a los pueblos primitivos, unas herramientas imprecisas, una casa en forma de bloque que encierra vida, un cubo que contiene letras de imprenta apartadas por el tiempo y alejadas de la era digital, una combinación de cerámica y otros objetos como el papel artesano y manual que expande poesía en el aire. Todo es una forma de dirigir la mirada hacia la sabiduría, hacia la ciencia y hacia el arte.

La mirada de Camil.la Pérez es tan respetuosa con la materia como con el pasado, mira tanto la casa como habitáculo de la actividad humana como contenedor de vida y sabiduría. Por eso su cerámica no es pulcra y perfeccionista. Trabaja principalmente con gres, mezcla muchas técnicas, pero siempre deja el protagonismo a la materia. El resultado es preciso y la belleza se deja y se empuja para que surja de la materia.

En sus obras siempre veremos contenedores de sabiduría, encontraremos mensajes, encontraremos grafías, rastrearemos conocimientos de los antepasados, encontraremos tesoros, ungüentos, agua, cereales, … Pero la artista no tiene una preocupación etnográfica o historicista de las piezas que muestra. No se puede decir qué herramienta vemos o qué contiene con precisión un contenedor, ni quien vive o ha vivido en una casa de la que plasma la medianera. Todo evoca el paso del tiempo, el saber que han transmitido los hombres, la resistencia de los materiales.

Pero todo esto se logra con el conocimiento, la investigación y el dominio del oficio. Si añadimos la soledad de la creatividad, el resultado es el de Camil.la Pérez Salvà.

En el jardín de la casa había un bello árbol, un diospyros kaki originario de Asia, que este añoadelantó sus frutos por razones del clima, adelantando así el otoño de colores sobrios.